Torneo de ajedrez en Valencia con motivo de la campaña de CESAL

Construir en la adversidad, mirar con esperanza

Cada mes de diciembre “toca” la campaña del CESAL. Pero después de todo lo sucedido con la DANA, la comunidad de Valencia se veía impulsada a salir de la inercia, a poner en marcha su creatividad y a descubrir «una amistad que se convierte en acción»

«El don construye. El odio no produce belleza, destruye. Solo el amor produce belleza. Podremos resolver un conflicto, pero vendrá otro. Yo no resolveré el conflicto en Medio Oriente, pero podemos testimoniar una forma diferente de estar aquí, crear contextos de vida, de compartir, de testimonio verdadero. Eso sí podemos hacerlo. Y eso no tiene fronteras». Precedido por estas palabras del cardenal Pizzaballa nos llegaba en octubre el aviso de la campaña Manos a la Obra 2025 de CESAL. Los que llevamos un tiempo en el movimiento sabemos que, en el calendario de CL, noviembre es el mes del EncuentroMadrid y diciembre el de la campaña de CESAL. Los donativos este año tienen doble finalidad: apoyar a las personas que sufren en Tierra Santa y acompañar a los migrantes que buscan una nueva vida en España.
Estos últimos años habíamos hecho algunos gestos pequeños por iniciativa de algunos de la comunidad, pero en los que por circunstancias no había participado la mayoría. Este año queríamos hacer algo grande, donde toda la comunidad pudiera participar, también atraídos por cómo CESAL se ha volcado todo este año para ayudar en los pueblos de Valencia arrasados por la DANA.
En la primera cena para hablar de la campaña surgieron ya las primeras ideas: Pau y Paola propusieron organizar un torneo de ajedrez, a Gema le gustaba la idea de organizar un almuerzo solidario y ¡tachán! Ya tenemos la propuesta. El sábado 13 de diciembre tuvo lugar el primer torneo de ajedrez solidario Manos a la Obra, precedido de un riquísimo almuerzo. Y además, para que las familias con niños pequeños también disfrutaran del día, Rosemary y Blanca se encargaron de preparar juegos.
¿Por qué un torneo de ajedrez? Porque Paola es una apasionada del ajedrez y nos ha transmitido a todos su pasión, y además pertenece al club de ajedrez Gambito-Benimaclet que nos podía ayudar. Y ¿por qué un almuerzo? El almuerzo en Valencia es la comida que haces entre el desayuno y la comida, y es toda una institución, sobre todo los fines de semana en los que el almuerzo es la ocasión de encontrarse con los amigos ya de buena mañana.
La coordinación fue tan sencilla como efectiva: un chat de WhatsApp se convirtió en el centro de operaciones para difundir carteles, organizar tareas y sumar voluntarios. Pero en la vorágine de la logística, no queríamos que se nos escapara el valor de lo que estábamos haciendo. El propósito educativo de la campaña era claro: «vivir la misión como una dimensión normal de la vida». Con esta normalidad hemos afrontado el pedir las instalaciones, hablar con los integrantes del club de ajedrez o invitar a los amigos.
Sin embargo, el camino desde la inspiración hasta la realización rara vez es una línea recta. Para muchos, el primer impulso ante una gran tarea es el propio límite. Aida lo describe con mucha honestidad: sintió un ‘perezón’ inicial, abrumada por sus responsabilidades y la sensación de «no ser capaz de hacer el montaje que hacen en otros sitios». Es un sentimiento que cualquiera de nosotros puede reconocer: la idea de que nuestra contribución es demasiado pequeña para marcar la diferencia. El punto de inflexión para Aida llegó al ver la sencillez con la que los amigos de Villanueva comenzaron. Se dio cuenta de que no necesitaba organizar algo monumental; podía aportar con pequeñas cosas: «No soy yo quien hace cosas grandes sino el que recoge todos esos síes, los junta y hace cosas grandes con ellos. Porque si no hubiésemos actuado juntos no habría sido igual».
Tampoco fue inmediato para Gema. Contaba con que CESAL pondría toda su maquinaria para organizar el súper evento, pero en la conversación con un amigo se dio cuenta de que la propuesta era para nosotros, lo que nosotros podamos construir. Después del ‘chasco’ inicial, esta aparente decepción la obligó a profundizar en el verdadero propósito de la campaña. Al entender que se trataba de una propuesta para vivir la misión de forma personal, su perspectiva cambió: «con mi sí, el Señor hace».
El 13 de diciembre de 2025, la Casa del Alumno de la Universidad Politécnica de Valencia se transformó. El espacio que nos habían reservado se llenó de una mezcla de generaciones –estudiantes universitarios, adultos y niños–, todos reunidos por un propósito: poder ayudar a los que sufren, cerca y lejos. Año tras año nos damos cuenta de que hay muchas personas que tienen este deseo de ayudar en el corazón, y que la campaña de Manos a la Obra es la ocasión de encontrarse con ellos, mejor dicho, de que ellos nos encuentren.
Durante la mañana era curioso el contraste entre la silenciosa concentración de las mesas de ajedrez, la animada charla que fluía alrededor de las mesas del almuerzo y la alegría y el colorido de la mesa de juegos. Para dimensionar lo que fue el gesto, basta decir que se sirvieron 50 bocadillos y cuatro enormes cocas dulces junto con café y refrescos para todos los asistentes. El torneo de ajedrez reunió a jugadores experimentados con principiantes que nunca habían usado un reloj de ajedrez y que, con humor, «se preguntaban para qué hacía falta un árbitro». La atmósfera fue de pura camaradería y, como señaló Paola, «todos lo disfrutaron por igual».
Por último, dos hechos que nos llevamos a casa ese día. Por un lado, la generosidad del horno-pastelería Galán de Albal, que donó los bocadillos y las cocas para el almuerzo. Este horno había sido devastado por la DANA el año anterior, perdiéndolo prácticamente todo, pero pudo reconstruirse y reabrir sus puertas gracias a un proyecto de ayuda impulsado por CESAL y la Fundación Mapfre. Un «precioso ejemplo de cómo pasar de recibir ayuda a ofrecerla, forjando una auténtica cadena de solidaridad». Por otro lado, el hecho de que nos acompañaran Hiba y su familia, provenientes de Belén y en espera de poder quedarse a vivir en España. Su presencia dio rostro y voz al doble motivo de la campaña: ayudar a los que sufren las consecuencias de la guerra en Tierra Santa y acoger y apoyar a quienes construyen una nueva vida en España. Al final del día Hiba nos escribió: «Estos nuevos amigos se han convertido en una segunda familia, llenando la distancia con amabilidad, risas y comprensión. Juntos convertimos la amistad en acción mediante la colecta de donativos para mi ciudad natal. Estos hermosos eventos me demostraron que el amor no tiene fronteras y que la compasión puede viajar más lejos de lo que la distancia podría jamás. Saber que personas que no crecieron allí se preocupan profundamente por mi hogar me llena de esperanza y orgullo. A través de su generosidad mi ciudad natal se siente más cerca, y se me recuerda que la humanidad nos conecta a todos».
Paola y Gema, Valencia