Intervención de Giussani en la asamblea "Verdad de Dios, verdad del hombre"

Verdad de Dios, verdad del hombre

El cuaderno que recoge el encuentro de Luigi Giussani con Nueva Tierra unos meses antes de que esta asociación se uniera a Comunión y Liberación (Julio 1985).

En septiembre de 2010, con motivo del 25 aniversario de esta unión, se reimprimió este documento, con prólogo de Ignacio Carbajosa, responsable de CL en España, que reproducimos a continuación.

Introducción a la nueva edición
Han pasado 25 años desde que Luigi Giussani interviniera en los cursos de verano de la Asociación Cultural Nueva Tierra, en Julio de 1985. Su presencia y, sobre todo, su palabra apasionada y persuasiva fueron el empujón definitivo para consumar la adhesión de Nueva Tierra, un incipiente movimiento nacido de la amistad y la fecundidad pastoral de un grupo de jóvenes sacerdotes de Madrid, al movimiento Comunión y Liberación, ya presente en España desde la primera mitad de los años 70.

La perspectiva que dan los años permite reconocer, con mayor estupor aún, la obra que el Espíritu de Cristo resucitado suscitó en aquellos años por el bien de todo el movimiento, no sólo en España, y por el bien de la Iglesia. Que dos realidades numerosas y diferentes, por su temperamento y su sensibilidad, lleguen a ser una sola cosa es algo sencillamente impensable. Dicho en positivo, y dado que llegó a suceder, es algo excepcional. Y “excepcional” remite a “divino”. De este modo la realidad del movimiento Comunión y Liberación en España quedó marcada por un milagro, el milagro de la unidad, que es una de las notas características del misterio de la Iglesia. Un milagro que tomó la forma de una amistad intensa y real entre los responsables de las dos realidades que se encontraban, y que prendió también entre los jóvenes que les seguían, no obstante las perplejidades iniciales.

«Un milagro que tomó la forma de una amistad intensa y real entre los responsables de las dos realidades que se encontraban, y que prendió también entre los jóvenes que les seguían»

Don Giussani no tardó en ver en este acontecimiento de unidad el “futuro para todo el movimiento”, una expresión que a mitad de los años 90 sonaba exagerada, pero que con el tiempo mostraría su fundamento, especialmente cuando el fundador de Comunión y Liberación confió la guía de todo el movimiento a Julián Carrón, uno de aquellos jóvenes sacerdotes que empezó la experiencia de Nueva Tierra.

El texto que proponemos de nuevo para su lectura recoge las lecciones y la asamblea que don Giussani mantuvo en los cursos de verano de Ávila hace 25 años. El lema de los cursos de aquel año, “Verdad de Dios, verdad del hombre”, se convertiría en el hilo conductor del testimonio de Giussani durante aquellos días “porque”, como él mismo aseguró, «esta frase es la expresión de todo lo que hemos pensado siempre como síntesis de la vida y de la acción». En estas páginas sorprende la sencillez y a la vez el carácter sistemático con que don Giussani propuso el acontecimiento cristiano y su método, con un lenguaje asequible a todos. Sorprende de igual modo la libertad, que en su caso tomaba la forma de una paternidad, con la que afrontaba las preguntas de aquellos jóvenes ansiosos de experimentar cómo Cristo tenía que ver con todos los aspectos de la vida y de la historia del hombre.

A uno de aquellos jóvenes, que reconocía en don Giussani una autoridad decisiva para el camino de Nueva Tierra y le preguntaba por los pasos a seguir a partir de entonces, el sacerdote lombardo le respondía: «La indicación que os doy es que debéis seguir a aquellos con quienes habéis comenzado vuestro camino y con los que estáis haciendo ese camino, ¡y basta! (…) Eso sí, tenemos necesidad de ser compañeros porque tenemos la misma tensión original, el mismo destino, el mismo camino, la misma batalla. Comunión y Liberación indica la raíz y Nueva Tierra el fruto».

«Eso sí, tenemos necesidad de ser compañeros porque tenemos la misma tensión original, el mismo destino, el mismo camino, la misma batalla. Comunión y Liberación indica la raíz y Nueva Tierra el fruto»

Para los que fuimos testigos de aquel primer encuentro con don Giussani, releer estas páginas, y andar con la memoria a aquellos días y a todo lo que vino después, nos hace exclamar con el salmista: «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres» (Sal 126,3).
Ignacio Carbajosa