Presentación del libro de Scola en Madrid

«Cristo ha entrado en mi vida en las cuestiones que me preocupaban»

Crónica de la presentación en Madrid del libro “He apostado por la libertad”, del cardenal Angelo Scola en un diálogo con Luis Argüello, secretario general de la CEE
Juan Carlos Hernández

He apostado por la libertad es un diálogo del cardenal Angelo Scola con el periodista Luigi Geninazzi acerca de su trayectoria vital, la situación de la Iglesia y de la sociedad europea. Es una autobiografía dialogada, como ha afirmado Manuel Oriol, director general de Ediciones Encuentro, durante la presentación del libro. Un acto que quería seguir esta dinámica de narrarse y dejarse narrar, en esta ocasión con monseñor Luis Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal española .

Monseñor Argüello destacó que «el método cristiano se muestra claramente en la lectura del libro. Estamos ante una persona que se ha dejado narrar frente a una Presencia real que permite mirar la realidad con una mirada nueva. Un método que genera una pertenencia y un testimonio».

El cardenal Scola señaló que Arguello había entendido muy bien el hilo conductor del libro, que es la cuestión del método. «En el cristianismo europeo de hoy se identifica método con técnicas. Como si Jesús no nos hubiese dejado un método de vida cristiana y fuese tarea nuestra inventarlo. Sin quererlo nos dejamos a Jesús a la espalda».



El cardenal hizo un recorrido a través de sus vivencias personales. «Yo era un hombre de fe que iba a misa los domingos, sin embargo, lo que más me fascinaba en mi adolescencia era el empeño político de mi padre, que era camionero. En su empeño por la justicia, su posición no era antieclesial pero sí anticlerical. El encuentro con Luigi Guissani en el liceo me hizo redescubrir la fe como posibilidad de cumplimiento de mi persona, como un método de vida cristiana que ponía a Cristo en el centro y que vivía la Iglesia como un lugar que hablaba a tu libertad para hacer sentir Su rostro como contemporáneo a ti y no como alguien del pasado. La fuerza de cristianismo es su realismo porque Cristo ha entrado en mi vida en las cuestiones que me preocupaban».

El secretario general de la Conferencia Episcopal continuó el diálogo planteando la relación que se plantea en el libro entre Trinidad, persona, familia y sociedad, y entre eucaristía y matrimonio. Afirmó que «algo que podría parecer tan lejano como el misterio trinitario es, en realidad, cercano porque explica quiénes somos, explica el sentido mismo de la familia, en el abrazo de un hombre y una mujer que se abren a Aquel que puede estar en medio de ese abrazo».



Angelo Scola destacó que «la dificultad que vivimos hoy en nuestra cultura a la hora de pensar la diferencia sexual nace del hecho de que hemos perdido el sentido de la Trinidad. Una cultura que ha olvidado esta realidad de que en el mismo Dios existe la realidad de la diferencia no me extraña que no sea capaz de pensar la diferencia sexual».
«Si nosotros no cuidamos la familia, el cristianismo se desencarna», señaló Scola. «Lo que está hoy en crisis no es la familia, todo el mundo quiere tener familia, sino la relación hombre-mujer».

Argüello prosiguió planteando el desafío que supone el anuncio del Evangelio en el contexto actual percibiendo dos tentaciones en la vida de la Iglesia. «La primera, una Iglesia que se puede reducir a propuesta ética, a una educación en valores. Y ante la dificultad de evangelizar la libertad, una segunda tentación es encerrarnos en “nuestro monasterio” esperando a que escampe. Frente a esto, este libro propone otra cosa, una apuesta por poner en relación libertad y gracia».



El cardenal Scola afirmó que «en una sociedad plural la fe también está sometida a distintas interpretaciones culturales». Actualmente, las dos interpretaciones dominantes de la fe son las citadas por Luis Arguello. La primera, «la reducción del acontecimiento cristiano, de la Iglesia y sus implicaciones a religión civil. Como una fuente de valores que nos permiten estar juntos en una sociedad plural, visto que estamos obligados a vivir juntos, pero estos valores no pueden ser una lista de proposiciones escritas en un folio ya que no se pueden separar del acontecimiento de Cristo que los genera».
La segunda interpretación, muy difundida, es aquella por la que «en esta sociedad el único problema del cristiano es llevar la cruz en favor del otro. Pero en las otras cosas somos como todos los demás. Cada uno hace lo que quiere, dice lo que quiere… La vía adecuada para recorrer es estrecha y son pocos los que la transitan, como una cordada en la montaña, pero tenemos que darnos cuenta de la importancia de la relación libertad-gracia. Lo que no habla a la libertad del hombre no convence. De ahí la importancia del factor educativo. El cristianismo no es una gran idea ni un empeño moral sino el encuentro personal con Cristo en la comunidad», recordó el cardenal citando a Benedicto XVI.